Sevillanísimas maneras

Sale a relucir a la menor ocasión. Bodas, bautizos, comuniones y fiestas de guardar. Sus integrantes son de lo más variopinto, y a la vez, ¡todos tan iguales...!

Es la Sevilla de las camisas abiertas sobre pecho-lobo, las pulseritas rojigualdas, el cinturón trenzado y las patillas largas. Y la gomina, por supuesto. Dentro de este estereotipo autoimpuesto, existen varias ramas: sport, que básicamente es llevar una camisa abierta, gafas Ray Ban y pantalones de pinza. Da igual que el individuo en cuestión tenga dieciocho, veinticuatro o cincuenta y dos años, ellos van como mi abuelo. Luego está la segunda versión, la del traje de chaqueta impoluto. Eso es así.
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Se han adueñado de nuestras tradiciones más íntimas: la semana santa y nuestra feria. Antes eran fiestas populares, ahora no. Hoy día se han convertido en una especie de exaltación de la sevillanía más típica y retrógrada. Lo suyo, diría más de uno. Lo suyo te daba yo a tí. Ohú ío, que shicotá máh güena miarma.
Un ejemplo bastante bueno creo que está en los costaleros de nuestra semana santa. Antes, no hace mucho (pues yo lo recuerdo) eran tíos normales como otro cualquiera. Ahora es raro el costalero de pro que no lleva sus patillas largas y sus calcetines con la rojigualda.
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Quiero dejar constancia de que no critico la manera de vestir de cada uno. Cada uno que se ponga lo que quiera. Lo que me molesta sobremanera es el tufillo a tradicionalismo revisionista, a antigüismo. Es un intento de algunas personas de querer volver al aura folclórico de nuestras fiestas, reflejado en las fotos de mediados del siglo XX. Pero señores, ni estamos a mediados del siglo XX, ni el aura que vosotros intentais inculcarnos es el de mediados del siglo XX.
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Pues nada señores, a seguir con vuestro revisionismo cultural de Sevilla, y seguid politizando las fiestas, que para eso están.
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¡Vivan las sevillanísimas maneras!

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