Colectivos

Hace no mucho tiempo, estaba mal visto ser homosexual. Incluso se penaba con cárcel, aunque de eso ya hace bastante más. El hecho es que el colectivo homosexual estaba oprimido (pongo colectivo en cursiva porque es un término que muchas personas lo usan a modo de cóctel molotov). Bien, pues afortunadamente les fueron concedidos unos derechos equidistantes al resto de la sociedad. Me parece lógico, perfecto y necesario que con el tiempo deje de estar mal visto que dos personas de mismo sexo se besen, se casen o adopten hijos.

Siempre trato de tener una actitud crítica y coherente con los temas que trato, totalmente exenta de caracteres políticos e ideológicos. Así, por ejemplo, me parece absurda la posición de la Iglesia, de la Conferencia Episcopal y de los que son más papistas que el mismo Ratzinger Z. También me parece absurdo el radicalismo homosexual, que cree que deben tener más derechos que los demás por el simple hecho de ser gay, lesbiana o bisexual. No, hijo, no, no quieras ser más que los demás, que eso no es igualdad (es una situación parecida a la que traté en mi artículo anterior). Para mí, la igualdad no existe y no es posible, porque mientras que gran parte de la sociedad tiende a aceptar al colectivo homosexual, gran parte de este colectivo tiende a no "integrarse". No tener suficiente con la igualdad, sino querer más. Y ese es el punto al que quería llegar. Si tú, intrépido lector, sigues leyendo en este punto significa que, o estás de lo más indignado, o estás totalmente de acuerdo. Pues bien, quería llegar a lo que es, desde mi humilde punto de vista, el mayor absurdo en mucho tiempo: la organización de una cabalgata del Orgullo Gay en Sevilla.

Culo veo, culo quiero. Madrid la tiene, Barcelona la tiene, ¿por qué no la va a tener Sevilla? Pues resulta que el orgullo de la capital y el de Barcelona tienen décadas de historia. Décadas en las que se ponía en duda la moralidad de los homosexuales y se los tildaba de viciosos. Décadas en las que el único derecho que tenían era el de esconderse. ¿Tienen que esconderse hoy día? ¿Está mal visto ser homosexual hoy día? ¿Aún no han conseguido sus derechos?

Me parece estupendo que en Madrid y Barcelona se sigan manteniendo esas fiestas pues, al fin y al cabo, pueden servir de celebración por esos derechos casi recién logrados, pero ¿de verdad es necesario realizarlas en Sevilla? Por otro lado, creo que la imagen que da el Orgullo Gay es totalmente desfasada, y no corresponde a la realidad, pues ni todos los gays son unos promiscuos ni todas las lesbianas unas camioneras, por poner algunos estereotipos. A todo esto: ya que ahora está tan de moda la supuesta igualdad y la paridad, ¿por qué se sigue llamando Orgullo GAY, y no se cambia por Orgullo Homosexual o Orgullo Gay, lésbico, Bisexual y Transexual?

Y si alguna mente malvada, después de leer esto, piensa que soy un homófobo, no tiene ni puta idea. Intento tratar a las personas lo mejor posible y por lo que valen, no por sus preferencias sexuales. Desgraciadamente, conozco a más de un homosexual que es todohófobo, y es una pena por la imagen que da de los demás gays, por muchos colectivos en los que esté.

No me caes mal porque seas gay, es que eres gilipoyas, que no tiene nada que ver.

Qué cosas tiene la lengua

Día a día no paro de escuchar cosas del tipo: el lenguaje es sexista porque la RAE lo permite, y mucho cambiaría con un 50% de académicas en el organismo. No sé qué tiene de malo la palabra miembra, ¿estaba mal el término abogada antes de que lo admitiera la RAE?

Los y las defensores y defensoras de un lenguaje paritario parecen no responder al sentido común, así como a la razón. Se escudan en que el lenguaje es sexista porque no terminan de entender que haya términos comunes a masculino y femenino. Es el caso del más que manido miembro. Como en muchas ocasiones, los y las feministas y feministos radicales se basan en la idea de que el lenguaje es sexista porque en la Real Academia hay mayoría de hombres. Quizá dentro de unos años, haya más académicas que académicos, pero a día de hoy no es así. Y he de suponer que si hoy día hay más académicos que académicas, será porque están mejor preparados, no por ninguna razón sexista, sino simplemente porque haya más graduados masculinos que femeninos. A mi parecer, el intento de nuestro gobierno por establecer paridad en el propio gobierno, empresas, etc., es totalmente absurdo. Eso se llama imponer, algo nada socialista. Para mí, igualdad no es imponer que haya total igualdad de hombres y mujeres en puestos de dirección y de gobierno, sino que si una mujer, igual de preparada o mejor que otra persona puede llegar hasta ese puesto, su condición de mujer no se lo impida. Si por el hecho de ser mujer, se le impide llegar a un puesto de trabajo, estamos ante el sexismo más absoluto. Pero, ¿por qué una mujer, simplemente por el hecho de serlo debe tener más oportunidades que un hombre? Eso no es igualdad, en todo caso es paridad.

Por otra parte, volviendo al hilo del lenguaje, no se puede tratar de cambiar algo que evoluciona espontáneamente, y mucho menos, legislarlo o imponerlo. Me parece estupendo que formas como jueza, abogada o médica se hallan admitido como válidas, porque eran de uso común entre los hablantes. Pero no se puede pretender que formas como miembra, que solo son usadas con ánimo feminista-revanchista y que no son usadas por los hablantes, se incorporen al léxico castellano. Tampoco podemos intentar cambiar el plural estándar (que en nuestro idioma recae en el masculino), por una anárquica y liosísima terminología en masculino y femenino, como ya podemos observar en muchos escritos oficiales. Será un lenguaje igualitario, ¡pero eso no hay quién lo lea!

Por todo eso, compañeros (y compañeras) creo que habría que pensar en nuevas medidas para erradicar de raiz el sexismo de nuestra sociedad. Medidas no de cara a la galería, como hasta ahora, sino realmente efectivas contra el sexismo.


No a la premacía de un sexo, ¡Sí a la igualdad!

¿Crisis?, ¿qué crisis?

Me dice mi compadre de blog que escriba algo aquí porque lo tengo abandonado. Así pues, me lanzo en la ardua tarea de decir algo. Nada más fácil, asistimos anonadados esta semana por los casi 94 milloncejos de euros (casi ná, oiga) que el Real Madrid ha pagado por el Cristiano Ronaldo (o como yo le digo "el nota ese que le pega pataítas a un balón").

Indignante. En estos momentos de crisis del cerdo y gripe económica (o al revés, ya me están liando) un club de furgol le paga esa obscena magnífica cantidad de dinero.Vamos, que la gente sin un puto duro y en la calle y un tipejo cualquiera cuya única habilidad es darle a un balón (porque pinta de sacarse ingenierías de tres en tres el chaval no tiene) gana esa cantidad. Vivir para ver. El caso es que todos tragamos. Todo sea por el espectaculo (y digo bien, espectaCULO).

Pan y circo, que dirían nuestros amigos y antepasados romanos. Y oye...tan ricamente.

Sevillanísimas maneras

Sale a relucir a la menor ocasión. Bodas, bautizos, comuniones y fiestas de guardar. Sus integrantes son de lo más variopinto, y a la vez, ¡todos tan iguales...!

Es la Sevilla de las camisas abiertas sobre pecho-lobo, las pulseritas rojigualdas, el cinturón trenzado y las patillas largas. Y la gomina, por supuesto. Dentro de este estereotipo autoimpuesto, existen varias ramas: sport, que básicamente es llevar una camisa abierta, gafas Ray Ban y pantalones de pinza. Da igual que el individuo en cuestión tenga dieciocho, veinticuatro o cincuenta y dos años, ellos van como mi abuelo. Luego está la segunda versión, la del traje de chaqueta impoluto. Eso es así.
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Se han adueñado de nuestras tradiciones más íntimas: la semana santa y nuestra feria. Antes eran fiestas populares, ahora no. Hoy día se han convertido en una especie de exaltación de la sevillanía más típica y retrógrada. Lo suyo, diría más de uno. Lo suyo te daba yo a tí. Ohú ío, que shicotá máh güena miarma.
Un ejemplo bastante bueno creo que está en los costaleros de nuestra semana santa. Antes, no hace mucho (pues yo lo recuerdo) eran tíos normales como otro cualquiera. Ahora es raro el costalero de pro que no lleva sus patillas largas y sus calcetines con la rojigualda.
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Quiero dejar constancia de que no critico la manera de vestir de cada uno. Cada uno que se ponga lo que quiera. Lo que me molesta sobremanera es el tufillo a tradicionalismo revisionista, a antigüismo. Es un intento de algunas personas de querer volver al aura folclórico de nuestras fiestas, reflejado en las fotos de mediados del siglo XX. Pero señores, ni estamos a mediados del siglo XX, ni el aura que vosotros intentais inculcarnos es el de mediados del siglo XX.
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Pues nada señores, a seguir con vuestro revisionismo cultural de Sevilla, y seguid politizando las fiestas, que para eso están.
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¡Vivan las sevillanísimas maneras!